lunes, 1 de junio de 2009

Los absurdos de una cuerda

-¡Pero mamá...!- replicó.
Yo quiero ser grande y fuerte para columpiar a los niños juguetones. Quiero que en los recreos corran ansiosos por subir a mi cuerpo y a manera de péndulo rían felices con la gravedad.

-No, hijo, cuerda enana naciste y como tal servirás a los hombres, fin de la discusión- contestó.

¡Primero muerta que la horca!

La cuerda, enana siguió, jamás creció y de ella nada se supo. Tiempo después, a la horca un rey fue sentenciado y la cuerda de la que pendía, se rompió.

Nunca corroboraron si se trataba de la soga que quería ser columpio.


Por Mauricio Delgado Grijalva

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