-¡Pero mamá...!- replicó.
Yo quiero ser grande y fuerte para columpiar a los niños juguetones. Quiero que en los recreos corran ansiosos por subir a mi cuerpo y a manera de péndulo rían felices con la gravedad.
-No, hijo, cuerda enana naciste y como tal servirás a los hombres, fin de la discusión- contestó.
¡Primero muerta que la horca!
La cuerda, enana siguió, jamás creció y de ella nada se supo. Tiempo después, a la horca un rey fue sentenciado y la cuerda de la que pendía, se rompió.
Nunca corroboraron si se trataba de la soga que quería ser columpio.
Por Mauricio Delgado Grijalva
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Aún así no pudo reconducir su destino...
ResponderEliminarBesos