lunes, 1 de junio de 2009

Eterno retorno

Ellos comparten el inhalar y exhalar que el cálido aire les ofrece. Sus miradas se cruzan; sus palabras dejan de serlo cuando se fusionan con las notas musicales.
Él toca las cuerdas de su guitarra mientras ella piensa en esas manos que un día tocaron su piel, su cuerpo. La música espontánea arranca de ella su voz para acompañar la melodía.
Sus miradas se cruzan, sus bocas esbozan una sonrisa. Ambos cantan ante el recuerdo, se sumergen en profunda tranquilidad. Respiran el mismo aire, lo hacen uno solo, lo hacen único.
Respiran. Sienten el aliento de sus bocas. Respiran, absorben de su piel el tacto mutuo.
Una implosión compartida, respirar, recobrar, inhalar y exhalar, el cálido aire se les entrega...
...y sus miradas se cruzan, sus miradas se cruzan, sus miradas se cruzan, sus miradas se cruzan.

Por Leticia Alcántara Cruz

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