lunes, 1 de junio de 2009

Tu quietud

Te vi postrado, silencioso y apacible sobre el campo seco. Aunque pasé por ahí con el vestido color naranja, no me viste, te hiciste el tonto. Seguí mi camino pensando qué había pasado, mientras tú seguías postrado, como durmiendo, en espera de esa luz que lograra desprenderte de tus sueños.

Observé a mi alrededor, imaginando el desprecio que hacías de mi, que golpeaba hasta dejarme sin respirar. Me enojé, me enojé y golpeé tu pecho, te lloré para ver si así lograba llamar tu atención, despertarte del sueño tan profundo. El sol cubría tu cuerpecito plagado de nostalgia y seguía sin despertar.
-Guau, guau- me despedí.

Por Dariana Lerma Quiroz

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