El mundo de las palabras funciona bien, aunque los números no opinen lo mismo. Las letras siempre discuten porque las mayúsculas se creen más que las minúsculas; no como los números, que aunque diferentes, se reconocen necesarios.
Las palabras, piensan los números, tienen un desorden irremediable porque no pueden controlar sus letras: con una que se mueva ya dice otra cosa. Y ni se diga en las fiestas, cuando las letras se revuelven y forman palabras que nadie conoce ni tienen significado alguno. Los números hasta pueden dividirse, disfrazarse y conservan su precisión.
Las oraciones están más allá del entendimiento numérico, porque cambian de orden las palabras y todo se transforma; puede ser el mismo significado, otro significado o los dos al mismo tiempo. A diferencia de los números que pueden ir adelante, atrás, como quieran y el resultado es el mismo. Y ya mejor no hablemos de las ideas...
Ustedes no deberían existir, dicen los números. Están siempre en guerra, a veces ni ustedes se entienden y ¡claro!, nosotros tenemos que venir a poner orden.
Las ideas le temen a los números, ya que pueden destruirlas, y de un tiempo para acá hasta han olvidado que ellos las necesitan para vivir.
Por Lisette Cortés
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