En la granja de Don Agustino Barba Corta había un espantapájaros como los que viven en los cuentos, y como éste es un cuento, resulta completamente justificada su aparición.
Espantapájaros todas las mañanas recibía la visita de las señoras hormigas y las señoras abejas que le tenían tempranito su desayuno, trocitos de pasto aderezados con miel. La serpiente por su parte llegaba a conversar sobre las maravillas de no tener que cortarse las uñas ni lavarse los pies y el perro Cachirulo gustaba de correr en círculos alrededor, convecido de estar corriendo con su amigo espantapájaros siempre a un lado.
Cierto verano, cientos de patos llegaron a la granja grazneando su Cuac Cuac alrededor del muñeco de paja, dejando a Don Agustino perplejo y sin endender qué sucedía. Cuando los patos se fueron, el granjero se acercó a espantapájaros pidiéndole una explicación, observó su sonrisa seren ay entonces comprendió. Esa tarde Don agustino no llegó a casa para cenar, ¡había tanto que platicar sobre la atareada vida de un granjero!
Por Ana Angélica Partida Cervantes
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario